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Venustiano Carranza (1859 - 1920)

Venustiano Carranza
(1859 - 1920)

Venustiano Carranza (1859 - 1920)

Transformar la política en el arte de lo posible fue uno de los objetivos de Venustiano Carranza, quien no dudó en recurrir a la astucia para alcanzar sus fines.

La confianza ilimitada en la legitimidad de su investidura, su fe ciega en el proyecto político constitucionalista de una revolución administrada desde arriba, que, barriendo la vieja clase política del porfirismo, pusiera los cimientos de una sociedad moderna, tal fue el norte que había de guiar, desde su frágil posición de fiel gobernador maderista del estado de Coahuila, al personaje que había de encarnar la estrategia de legalización de la revolución mexicana.

Una voluntad de hierro al servicio de la razón de Estado

Una política de signo termidoriano, fundada en la hegemonía de un Estado equilibrador de las injusticias sociales, pero en la que Carranza se erigía en vigilante y verdugo cruel e inapelable de un sistema político de capitalismo avanzado cuya custodia se atribuía, ostentosa y directamente ya desde la redacción del Plan de Guadalupe en 1913, bajo el significativo titulo de Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. Como afirma Héctor Aguilar Camín: "Carranza erigió dentro de sí la certeza de que era el único representante legitimo que quedaba en el país, mientras fuera el único en desconocer a Huerta. Y así se comportó desde entonces: como un gobernante, no como un rebelde ni como un simple jefe militar."

Haciendo de la política el arte de lo posible, Carranza no vaciló en usar contra sus adversarios toda clase de triquiñuelas y astucias, pactando con ellos en los momentos en que veía comprometido su poder, para asestarles un golpe mortal cuando se encontraba en situación de fuerza. El asesinato de Emiliano Zapata por el coronel Guajardo, actuando a las órdenes del general Pablo González, fue una de las múltiples tramas urdidas por el Primer Jefe para acabar con un rival, dotado de una aureola de integridad y legitimidad revolucionaria, al que no había conseguido reducir ni por la fuerza de las armas ni con sus astucias.

No cabe duda de que Carranza percibió el peligro que suponía utilizar la maquinaria del Estado para poner en práctica ciertos procedimientos de guerra sucia que a la larga acabarían por devorarlo y llevarlo a la tumba, pero su visión política global, que consideraba a México como una totalidad articulada que no podía prescindir de ninguno de sus miembros, su pena de verse gravemente amputada, le hizo sacrificar a la razón de Estado cualquier otro tipo de consideraciones. Su fina intuición política le hizo comprender que, para contener la marca revolucionaria y domesticar las fuerzas centrífugas disgregadoras del poder del Estado, era necesario levantar, desde la legalidad de la Constitución de 1917, la bandera del agrarismo, tomando del Plan de Ayala aquellas reivindicaciones que, expropiando a los terratenientes porfiristas, permitían la creación de una nueva clase de propietarios para ponerlos al servicio del Estado benefactor. Carranza pensaba así neutralizar la marea revolucionaria del campesinado indígena, tal como consiguiera años atrás ganarse al incipiente proletariado urbano mediante la integración de éste en los engranajes del Estado a través de la Casa del Obrero Mundial.

Primeras armas en la política

En la ciudad de Cuatro Ciénagas, hoy Cuatro Ciénagas de Carranza, en el Estado de Coahuila, y en el año de gracia de 1859, nació Venustiano Carranza en el seno de una familia de hacendados. Gracias a la posición social de su familia, fue enviado a cursar sus estudios de leyes a Ciudad de México. Una vez terminados sus estudios, Carranza volvió a su pueblo, a ocuparse de la granja propiedad de la familia, tarea en la que ocupó los primeros años de su vida activa, aunque ya comenzó a realizar algunas incursiones en el mundillo político del lugar. Así, por aquellas fechas comenzó a mostrar inquietud por la vida municipal y en 1887, bien por su eficaz labor o bien por la influencia de su familia en la región, consiguió ocupar el cargo de presidente del consejo municipal de Cuatro Ciénagas.

Todo parece indicar que el ámbito municipal se le quedó pequeño y pronto aspiró a cargos políticos de más influencia. Así, tras conseguir el acta de diputado local y más tarde la de senador propietario, en 1908 desempeñó el cargo de gobernador interino de Coahuila.

Del antirreeleccionismo al constitucionalismo

La pretensión de Porfirio Díaz de ser reelegido presidente de la República por un nuevo mandato desembocó, como era de esperar, en un levantamiento armado y Carranza, al no conseguir convencer al general Reyes para que se sublevara contra el presidente, no tuvo otra opción que la de unirse al movimiento revolucionario de Madero. El triunfo de éste significó que Carranza pasó a formar parte, en calidad de ministro de Guerra y Marina, del gabinete maderista instalado en Ciudad Juárez, en 1911. Consolidado Madero como presidente, Carranza fue designado gobernador de su Estado, donde se encontraba cuando se produjo el asesinato de Madero y la ascensión al poder del general Huerta.

Tras el golpe huertista, Carranza en vez de proceder a la disolución de las fuerzas que estaban a su mando, se erigió en representante único de la legalidad constitucional violada por Huerta y consiguió, en una de sus muchas muestras de astucia política, ser reconocido por los jefes revolucionarios de Sonora - baluarte principal del constitucionalismo -, como el Primer Jefe del Ejército Constitucional, mediante la proclama conocida como el Plan de Guadalupe en marzo de 1913, por la que desconocía la autoridad de Huerta y reclamaba para sí el calificativo de constitucionalista. Por otra parte, en el Plan de Guadalupe, Carranza aceptaba, una vez que Huerta fuera derrotado, la asunción de la dirección del país y la convocatoria de elecciones generales.

El triunfo arrollador de los ejércitos constitucionalistas - las fuerzas del nordeste mandadas por Pablo González; el contingente del noroeste cuyo jefe era Álvaro Obregón; la división del norte, a las órdenes de Francisco Villa y las tropas libertadoras del Sur, acaudilladas por Emiliano Zapata - tuvo como consecuencia la derrota de Huerta y su huida del país.

Para garantizar el futuro de la nación, Carranza impuso a los jefes revolucionarios que habían contribuido a la victoria la firma del Convenio de Teoloyucan, por el cual debían disolverse los ejércitos oficiales y Carranza hacer su entrada en la capital mexicana. De ambas propuestas únicamente la segunda se cumplió el 20 de agosto de 1914, en que, en medio del entusiasmo popular, Carranza entró en la capital de la República. Aunque rehusó el título de presidente interino y conservó el de Primer Jefe, dictó medidas propias de un verdadero jefe de Estado.

Lucha de facciones y derrota de los convencionistas

Con la caída de Huerta, se planteó de inmediato la lucha por el poder, que ya se venía gestando desde el comienzo de la insurrección, en el bando revolucionario, en tanto que representaban intereses contrapuestos de distintos sectores sociales y regionales que habían formado el Ejército Constitucionalista. El problema más grave para la puesta en marcha del programa carrancista era la negativa de Villa y Zapata a disolver sus ejércitos y, en consecuencia, su negación de la legitimidad del poder de Carranza. Éste rompió con los zapatistas el 5 de septiembre de 1914 y, poco después, Villa desconoció la autoridad de Carranza como jefe ejecutivo nacional. El caos en que estaba sumido el país no pudo resolverse en un primer intento en la Convención de México adonde no fueron ni los representantes de Villa, ni los de Zapata, ni tampoco en la de Aguascalientes, donde si acudieron los representantes de los principales jefes revolucionarios, en octubre de 1914.

En una de sus hábiles estrategias, Carranza ofreció su entrega del mando civil y militar si Villa y Zapata renunciaban a sus respectivas jefaturas militares y abandonaban la República. Pero la reunión, dominada por la cercana presencia de la División del Norte y del Ejército del Sur, transcurrió de manera muy diferente a los designios del Primer Jefe. En efecto, la Convención desconoció la autoridad de Carranza y eligió como presidente provisional al general Eulalio Gutiérrez. Carranza no acató esta decisión y ese mismo mes se trasladó a Veracruz, donde formó su propio gobierno.

Una de las primeras medidas que adoptó Carranza para combatir al ejército convencionista, formado por la División del Norte de Villa y las tropas libertadoras del Sur de Zapata, fue la de designar al general Álvaro Obregón comandante del Ejército de Operaciones, e implícitamente sucesor presidencial "in pectore". Villa y Zapata, reunidos en Xochimilco, firmaron un pacto, que lleva el nombre de esta ciudad, por el que además de ignorar a Carranza decidieron entrar en México, en cuyo Palacio Nacional instalaron al general Eulalio Gutiérrez elegido presidente en Aguascalientes.

Las acciones militares de los convencionistas no fueron lo contundentes que requería la situación y, tras ser vencidos por los seguidores de Carranza, Eulalio Gutiérrez huyó en enero de 1915. Desaparecido pues el gobierno de la Convención y derrotado el villismo, Carranza volvió a Ciudad de México e incrementó el combate contra los zapatistas.

Reforma constitucional

Instalado en la capital del país, Carranza comenzó una de las labores más importantes de su corto período presidencial, desde el punto de vista social y político. Después de que el Congreso constituyente de Querétaro le confirmara como presidente de la República en noviembre de 1916, Carranza presentó un proyecto de reforma de la Constitución, con objeto de adecuar la Carta Magna de 1857 a las necesidades de los tiempos que corrían. Esta nueva Constitución, promulgada el 5 de febrero de 1917, en Querétaro, era la síntesis de los ideales de revolución, administrada que los grupos del norte, de Sonora y Coahuila, habían puesto en práctica con las armas siete años antes, excluyendo de forma deliberada las propuestas radicales de zapatistas y villistas. Entre los objetivos básicos de la nueva Ley Fundamental figuraban, en primer lugar, el establecimiento de un Estado fuerte en el que se cedían amplias atribuciones al poder ejecutivo.

De acuerdo con esta nueva norma, el Ejecutivo gozaba de amplias competencias sobre todas las cuestiones relacionadas con el problema educativo, fomentando la expansión de la enseñanza laica y en los asuntos sociales, como la protección de los trabajadores y el establecimiento de un salario mínimo. Igualmente, se ponía el énfasis en una política de defensa de los intereses nacionales que había de fomentarse mediante la nacionalización de las minas, concretamente las de plata, y los yacimientos de petróleo. Por otra parte, fijaba las bases para la defensa de la propiedad privada y preconizaba la confiscación de los bienes de la Iglesia y un mayor control del núcleo de poder representado por el estamento eclesiástico.

Una vez aprobada la Constitución de 1917, este texto legal abrió el camino para que Venustiano Carranza pudiera ocupar la presidencia de la República, cosa que hizo después de ganar las elecciones el 1 de mayo del mismo año.

Tres años de aciertos sociales

La administración carrancista tuvo numerosos aciertos durante los escasos tres años que duró, como fueron la reorganización de la Hacienda, así como el poner orden en la circulación monetaria; procedió al reparto de casi 200 mil hectáreas de tierras; reconstruyó los sistemas de comunicaciones que habían quedado prácticamente destruidos como consecuencia de la revolución y reanimó la actividad económica. Pero hubo una parcela que Carranza se reservó para si mismo: la política exterior. Su nacionalismo le planteó serios problemas con Estados Unidos, sobre todo en cuanto a la defensa de las riquezas petrolíferas, pues su contencioso con Washington venía de antiguo. En efecto, ya en 1916 cuando desempeñaba el cargo de Primer Jefe. Pancho Villa había realizado una incursión sobre la ciudad de Columbus (Nuevo México) y Estados Unidos lanzó sus tropas en persecución de Villa cruzando la frontera sin permiso de las autoridades mexicanas. Carranza presentó entonces una queja diplomática que la que protestaba por la "mala fe" de que había dado muestras Washington.

Al aproximarse la fecha de la sucesión presidencial, Carranza, que había defendido siempre la posibilidad de que su sucesor fuera el general Álvaro Obregón, cambió de opinión y apoyó la candidatura de un civil, el ingeniero Ignacio Bonilla, carrancista sonorense de primera hora considerado uno de los mejores administradores del Estado. La ruptura con el grupo obregoncista fue inmediata y Obregón y otros generales anti - carrancistas firmaron el llamado Plan de Agua Prieta, por el cual se desconocía la autoridad de Carranza y se le acusaba de incumplir la Constitución y actuar contra los intereses de los diferentes estados. Presionado por el Ejército, Carranza abandonó México ven su huida hacia Veracruz se detuvo en Tlaxcalantongo (Puebla), donde fue asesinado por las tropas del general Herrero en 1920, que, aunque teóricamente debían velar por su seguridad, se enfrentaron a él.

1859 Nace en la ciudad de Cuatro Ciénegas, en el Estado de Coahuila, VENUSTIANO CARRANZA.
1887 Ocupa el cargo de presidente del Consejo municipal de Cuatro Ciénagas.
1909 Desempeña el cargo de gobernador interino de Coahuila después de haber actuado de diputado local y senador propietario.
1911 Forma parte, en calidad de ministro de Guerra y Marina, del gabinete maderista de Ciudad Juárez y es elegido gobernador del Estado.
1913 Con el Plan de Guadalupe, en marzo, Carranza es reconocido como Primer Jefe del Ejército Constitucional y acepta la asunción de la dirección del país y la convocatoria de elecciones.
1914 Carranza entra en la capital de la República, aunque rehusa el título de presidente interino y conserva el de Primer jefe del Ejército Constitucional. El 5 de septiembre rompe con los zapatistas y se niega a reconocer en octubre al gobierno surgido de la Convención de Aguascalientes, trasladándose a Veracruz donde forma su propio gobierno.
1915 Los carrancistas derrotan al gobierno convencionista de Eulalio Gutiérrez y Venustiano Carranza vuelve a Ciudad de México e incrementa el combate contra los zapatistas.
1916 El Congreso constituyente de Querétaro lo confirma como presidente dc la República en el mes de noviembre.
1917 Se promulga la reforma de la Constitución y se aprueba, con lo que Carranza ocupa la presidencia, después de ganar las elecciones del 1 de mayo
1920 Enfrentado a Obregón, Carranza abandona México y es asesinado en Tlaxcalantongo (Puebla) por las tropas del general Herrero que debían velar por su seguridad.

Bibliografía

Grupo EDITORIAL OCEANO DE MEXICO, GRANDES BIOGRAFIAS DE MEXICO, 1ra edición, 1996, ed. OCEANO, México, 312 pp.


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