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Vicente Guerrero (1782 - 1831)

Vicente Guerrero
(1782 - 1831)

Vicente Guerrero (1782 - 1831)

Vicente Guerrero, campesino, militar y político, fue un gran defensor de las clases desfavorecidas de México y promotor de la abolición de la esclavitud.

Vicente Guerrero, campesino, militar y político, ha pasado a la historia de México tanto por su participación en la lucha por la independencia de esta nación, como por haber sido el hombre que estampó su firma al pie de un decreto que determinaba la reclamada abolición de la esclavitud.

Un adalid de la libertad

La hoy conocida con el nombre de Ciudad Guerrero, en el estado que lleva su nombre, y que en la época virreinal era Tixtla, fue la patria chica de Vicente Ramón Guerrero Saldaña, que había de pasar a la historia como Vicente Guerrero, donde nació en 1782. Descendiente de esclavos e hijo de campesinos, Guerrero se dedico en sus años mozos a trabajar como un simple arriero, lo que tal vez favoreció su contacto con la sociedad criolla debido a sus continuos desplazamientos por la zona meridional del país. El descontento de los criollos por haber sido desplazados de los centros de poder y lesionados sus intereses económicos a causa de las medidas tomadas desde España en favor de los funcionarios que llegaban a la colonia procedentes de la península Ibérica, dio origen a enfrentamientos solapados unas veces y abiertos e institucionales, otras. Pero el primer chispazo puede considerarse que fue el levantamiento contra el poder virreinal de la intelectualidad mexicana, que contó, al contrario de otros lugares de la América hispana, con el apoyo de las clases mas desfavorecidas de dicho país.

Este choque significó el comienzo del resquebrajamiento del poder colonial, ya que parte del estamento eclesial se puso del lado de los criollos e incluso un personaje tan inocuo como el obispo español Abad y Queipo denunció desde el púlpito las diferencias sociales y reivindicó una genérica "ley agraria".

En este ambiente de crispación, las primeras ideas revolucionarias - que pese a las medidas de represión se habían extendido entre la clase culta -, unidas al descontento de los criollos, provocaron que se dieran las condiciones para que surgiera un movimiento más coherente y organizado contra el gobierno de la Nueva España. Este caldo de cultivo fue ganando fuerza y el primer intento independentista nació con el conocido Grito de Dolores, proclamado por el cura Miguel Hidalgo, y, cuando la columna que mandaba Morelos pasó en 1810 por el pueblo de Tixtla, camino del sur para consolidar allí la insurrección, Vicente Guerrero hizo caso de las demandas de la familia Galeana para que se uniera al movimiento y se incorporó a la insurgencia.

La independencia de México

La derrota de Hidalgo en la batalla de Puente de Calderón y su subsiguiente ejecución no puso punto final a la insurrección. Guerrero se mantuvo en rebeldía en el sur apoyando a Morelos, el cual creó el primer Congreso mexicano. Tras la detención de Morelos. Guerrero continuó ejerciendo su labor de proteger al Congreso y, una vez ejecutados o encarcelados los principales jefes insurgentes, fue el único que pudo mantenerse en la guerrilla amparándose en lo más inaccesible de la Sierra Madre del Sur.

En 1821, el virrey Juan Ruíz de Apodaca envió a Agustín de Iturbide al sur del país para que sofocase el foco insurgente que aún quedaba en aquella zona. Iturbide, no sólo buen militar, sino también excelente político, creyó siempre que era más fácil sofocar la rebelión por medio de las palabras que por la fuerza de las armas. Así convenció a Guerrero para que se entrevistara con él y lo invitó a secundar el Plan de Iguala, de 1821, por el cual se proclamaba la independencia de México respecto de España, en tanto que, al ser México un estado católico, se mostraba respetuoso con el orden social existente, en cuyo seno deberían convivir criollos y españoles sin ningún tipo de discriminación.

Guerrero admitió todo lo que proponía el Plan de Iguala y cedió el mando de sus fuerzas guerrilleras al jefe del Ejército de las Tres Garantías que con este nombre se conocía a las tropas de Iturbide. El nuevo virrey Juan O'Donojú, comprendiendo la imposibilidad de restablecer la soberanía española, firmó con Iturbide los tratados de Córdoba por los que una llamada Junta de Regencia, presidida por el propio Iturbide, asumiría el poder de la ex colonia hasta la llegada de Fernando VII para que tomara posesión de la corona de México. Acto seguido, el gobierno español rechazó el Plan de Iguala y los tratados de Córdoba, con lo cual quedó eliminada cualquier posibilidad de que un príncipe borbónico ocupara el trono de México. Eso hizo que los realistas se pasaran a la facción que apoyaba el principio de que Iturbide ciñese la corona.

Guerrero hasta ese momento había sido partidario de las doctrinas de Iturbide y había aceptado la Capitanía General del sur del país, pero, desde el momento en que Iturbide, en una sesión un tanto irregular del Congreso, aceptó ser nombrado emperador de México, se sublevó contra las fuerzas imperiales del que se hizo llamar Agustín 1.

El descontento del pueblo mexicano fue subiendo de tono cuando la mala situación económica impulsó a Iturbide a adoptar medidas impopulares y desembocó en la revolución de Casa Mata. Tras la caída de Agustín 1, el Congreso confirió el poder a un triunvirato formado por Negrete, Victoria y Bravo, mientras Guerrero, que en realidad durante este primer período de la lucha por la consolidación de la independencia había actuado en un segundo plano, fue nombrado suplente de este triunvirato hasta octubre de 1824.

Las primeras elecciones que se celebraron en México invistieron a Guadalupe Victoria como presidente y a Nicolás Bravo como vicepresidente de la República Federal, el nuevo régimen con el que se esperaba salvar a la ex colonia de Nueva España de una desintegración territorial. Victoria nombró entonces a Vicente Guerrero ministro de la Guerra y jefe militar en su primer gabinete. Las condiciones económicas y financieras del país no mejoraron en ningún sentido e incluso un préstamo que Victoria solicitó a Gran Bretaña no resolvió en absoluto el problema, principalmente por el mal uso que se hizo del dinero y, por el contrario, determinó la intervención extranjera a partir de aquel momento en los asuntos internos de México.

Enfrentamiento entre logias

Las diferencias que iban surgiendo en la clase política mexicana se fueron acentuando, primero por la ejecución de Iturbide; segundo, a causa del deterioro de la economía y tercero, por la proliferación de las sociedades secretas. En efecto, dos logias, la yorkina y la escocesa, luchaban entre sí por el control de la vida política del país. Guerrero destacó como dirigente de la yorkina, que era una agrupación política demócrata y liberal en la que se integraron los federalistas y los anti españoles, que se enfrentaron a la logia escocesa, asociación que tenía un mareado cariz conservador y estaba dominada por los partidarios de un poder central fuerte, incluyendo en su seno a un gran número de españoles.

El descubrimiento de una conspiración españolista, en 1827, fue el argumento esperado por algunos elementos políticos mexicanos para adoptar la primera medida de expulsión de los españoles, a la que el vicepresidente Bravo, apoyado por su logia escocesa, intentó oponerse rebelándose contra Victoria y el Congreso. Bravo fue derrotado, pero los yorkinos no supieron aprovechar su victoria, porque comenzaron a dividirse entre ellos al apoyar dos candidaturas rivales para las elecciones presidenciales que habían sido fijadas para el mes de septiembre de 1928: la del moderado Gómez Pedraza y la del antiguo guerrillero insurgente, Vicente Guerrero.

Los resultados no fueron favorables a Guerrero y Gómez Pedraza asumió la Presidencia de la República, pero la comprobación de que el triunfo de Gómez Pedraza se debió a ciertas irregularidades en el voto indirecto de las legislaturas estatales y los abusos cometidos por éste en los primeros meses de su mandato dieron paso a un nuevo movimiento revolucionario, que ha pasado a la historia con el nombre de la Acordada. Mientras el general Santa Anna exigía el desconocimiento de los resultados electorales, Guerrero dirigía su movimiento insurreccional en la capital. Estas dos facciones presionaron al Congreso y determinaron que éste adoptara la insólita decisión de desautorizar a Gómez Pedraza y proclamar presidente al derrotado Guerrero.

Libertador de los esclavos

En abril de 1829, Vicente Guerrero juró su cargo de presidente de la República siendo vicepresidente el general Anastasio Bustamante. Su gobierno, sin ser precisamente uno de los más largos de la República - pues sólo duró desde el mes de abril hasta diciembre del mismo año, fue de los más fecundos desde el punto de vista legislativo. Así, nada más iniciado su mandato, Guerrero pretendió aplicar un programa de reformas radicales, la primera de las cuales fue la abolición de la esclavitud. Pero todas las medidas que emprendía, ya fueran de tipo social como económicas, quedaban bloqueadas de inmediato por la crisis de la hacienda pública.

Si bien Guerrero tenía dificultades en el desarrollo de su política interior, las cosas vinieron a complicarse más cuando, en el mes de septiembre, un ejército español a las órdenes del general Isidro Barradas efectuó el último intento protagonizado por la Corona de España para recuperar su antigua colonia. El presidente mexicano, no sin dificultades, consiguió neutralizar esta última intentona por medio de las acciones bélicas de su general Santa Anna.

Santa Anna, sin embargo, se cobró con creces la oportunidad que le había facilitado Guerrero de entrar en la historia como el general que había derrotado a los españoles en su desesperado intento de recuperar sus ex colonias; se unió a la rebelión orquestada por el general Bustamante, que concluyó en el Plan de Jalapa, en el cual el vicepresidente Bustamante acusaba a Guerrero de haber violado la ley, de haber desatendido al ejército y de no haber puesto freno a la anarquía que había asentado sus reales en todo el país. Bustamante presionó al Congreso y consiguió que declarara a Guerrero incapacitado para el gobierno, después de que el presidente fracasara en sus esfuerzos por sofocar la rebelión.

Se fragua una traición.

Hay que destacar que, si las maniobras de Bustamante para obtener del Congreso la presidencia estuvieron coronadas por el éxito, este mérito debe atribuirse a la habilidad de Lucas Alamán, que fue quien consiguió la destitución de Guerrero.

El derrocado presidente realizó denodados esfuerzos para recuperar su puesto, recurriendo de nuevo a la rebelión armada, que obtuvo resonados éxitos, sobre todo tras la derrota del ejército de Armijo en Texca. Dado el cariz que tomaron los acontecimientos, Bustamante, a través de su ministro de Guerra y Marina, José Antonio Facio, ideó una estratagema para apresar a Guerrero. Mediante los servicios de un marino genovés llamado Francisco Picaluga, fue invitado a subir a bordo del bergantín El Colombo, anclado en Acapulco, donde fue detenido por Picaluga y, llevado prisionero a Oaxaca tras un juicio sumarísimo, fue fusilado en Cuilapan, el 14 de febrero de 1831.

1782 Nace, el 10 de agosto, VICENTE GUERRERO en Tixtla, hoy conocido con el nombre de Ciudad Guerrero, en el Estado homónimo.
1810 Se incorpora al movimiento independentista de Morelos.
1821 Se entrevista con Iturbide en Acatempan, el cual lo invita a secundar su Plan de Iguala. Guerrero cede el mando de sus fuerzas al Ejército de las Tres Garantías, que entra triunfante en la capital de la República, y se le otorga la Gran Cruz de la Orden de Guadalupe.
1829 Jura su cargo como presidente de la República, mandato que sólo dura ocho meses y medio, durante los cuales declara la abolición de la esclavitud.
1830 Es derrocado por Bustamante, el cual, fundándose en su condición de vicepresidente, asume la Presidencia y consigue la inhabilitación de Guerrero para dirigir la República.
1831 Detenido como consecuencia de una estratagema, es fusilado en Cuilapan, el 14 de febrero.

Bibliografía

Grupo EDITORIAL OCEANO DE MEXICO, GRANDES BIOGRAFIAS DE MEXICO, 1ra edición, 1996, ed. OCEANO, México, 312 pp.


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