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Agustín de Iturbide (1783 - 1824)

Agustín de Iturbide
(1783 - 1824)

Agustín de Iturbide (1783 - 1824)

Agustín de Iturbide, hijo de acaudalado español, tras defender la causa realista como oficial, se convirtio en el artífice que consumó la independencia mexicana.

"Mexicanos, sed obedientes a vuestras leyes y resistid el ataque de las potencias europeas contra el cual yo venía a defenderos como simple soldado". Con estas palabras, Agustín de Iturbide se enfrentó al pelotón de fusilamiento, momentos antes de que una cerrada descarga pusiera fin a su vida en Padilla, Tamaulipas, el 19 de julio de 1824. Exactamente dos años antes. había sido aclamado con entusiasmo por sus conciudadanos, en Ciudad de México, con motivo de su coronación como primer emperador constitucional de la nación.

Una vida dedicada al ideal castrense

Agustín de Iturbide responde al perfil clásico del egregio militar pragmático, sin una doctrina ideológica definida, que tiene en la defensa a ultranza del orden establecido su guía de acción, lo que, en situaciones de tensión social extrema, le inclinan a elegir aquella opción conservadora que parece tener más posibilidades de triunfo. Personaje carismático, de modales distinguidos y refinada cultura, pasó de la gloria a la nada, de las intrigas palaciegas para recuperar el poder, a hallarse frente a un pelotón de fusilamiento. Su arenga a los soldados que habían de acabar con su vida muestra la otra faceta de su personalidad, la de brillante militar que se cree llamado por el destino a enderezar el rumbo maltrecho de su patria.

De coronel del ejército realista a brazo ejecutor de la Independencia, de Alteza Serenísima a traidor de la patria. Entre ambos polos discurrió la vida de este militar, hombre de buena apariencia física, pero famoso también por su valentía y crueldad, en quien recae la responsabilidad histórica de haber proclamado la independencia de México.

Nacido el 27 de octubre de 1783 en la antigua Valladolid, hoy Morelia, en el Estado de Michoacán, Agustín Cosme Damián Iturbide fue el hijo primogénito del matrimonio formado por el español, de origen navarro, José Joaquín Iturbide y Arregui y la criolla María Josefa de Aramburu y Carrillo. Tras estudiar en el seminario de su ciudad natal, siendo aún muy joven, ingresó en la milicia como alférez del Regimiento Provincial de Valladolid y, en 1805, contrajo matrimonio con Ana María Huarte y Muñiz, que le dio seis hijos.

Orden como obsesión, milicia como devoción

En los inicios de su carrera militar, Iturbide, según cuenta él mismo en sus memorias, participó de las ideas independentistas, pues tuvo algún contacto con la conspiración que encabezó Michelena en Valladolid. Pero enseguida se decantó por las fuerzas realistas, combatiendo ferozmente a los siguientes movimientos rebeldes que se produjeron en México. Por esta primera conexión con la insurgencia, parece ser que al estallar la revolución de 1810, Miguel Hidalgo le ofreció el grado de teniente general, cargo que rechazó para ponerse a las órdenes del virrey y tomar las armas en contra de los que "infestaban y desolaban el país", según sus propias palabras.

Durante todo este convulso periodo de la historia mexicana, Iturbide participó en numerosas acciones bélicas, entre las que se cuenta la famosa batalla del monte de las Cruces, y se distinguió por la particular tenacidad con que persiguió a los independentistas, lo que le valió, después de la captura de Albino Díaz, el grado de teniente coronel, y finalmente, tras la victoria sobre Rayón, el de coronel. Al frente de sus tropas se reveló como un líder eficaz, preocupado por valorizar las victorias de sus soldados y por procurarles la infraestructura necesaria. Así, se interesó por la educación de las tropas, a las que sostuvo en ocasiones con sus propios recursos, y logró así mismo involucrar a la población civil en la defensa de las localidades que tuvo encomendadas como militar. En 1816, cuando la insurgencia popular había entrado en un proceso de franco declive a raíz de la muerte de Morelos, Iturbide se vio enfrentado a un juicio por especulación y, aunque salió absuelto, fue sustituido en su cargo. Volvió entonces a Ciudad de México, donde se entregó a una vida disipada que mermó considerablemente su fortuna.

De la causa española a la Independencia

No pasaría mucho tiempo, sin embargo, para que Agustín de Iturbide volviera a ocupar un papel protagonista en la historia de su país. El triunfo de la revolución liberal en España catalizó un nuevo movimiento separatista en México, encabezado esta vez por la oligarquía criolla e, incluso, por un buen número de españoles absolutistas residentes en el virreinato que veían peligrar sus intereses.

El virrey Apodaca en nombre de los conspiradores realistas confió la realización del Plan de la Profesa a Iturbide, quien reingresó en el ejército y aceptó el cargo de comandante del Ejército del Sur, hacia donde marchó con sus tropas a fin de combatir los reductos independentistas de Vicente Guerrero. Una vez allí, sin embargo, y en vista de que no lograba someterlo, entró en tratos con éste y, el 24 de febrero de 1821, formuló el llamado Plan de Iguala o de las Tres Garantías, que proclamaba la independencia de México. Las garantías establecidas por el manifiesto fueron: Religión, Independencia y Unión. El virrey rechazó el Plan y puso fuera de la ley a Iturbide, pero éste recibió el apoyo inmediato del clero y el de los antiguos revolucionarios, que volvieron a la lucha. El virrey Apodaca tuvo que dimitir y España envió al general Juan O'Donoju para entablar negociaciones.

El libertador de las Tres Garantías

Congregando cada vez un mayor número de adeptos, Iturbide emprendió su imparable marcha hacia la capital al frente del ejército Trigarante, de tal forma que, el 24 de agosto, el representante español Juan O'Donoju, aceptó firmar el tratado de Córdoba que ratificaba, definitivamente, la independencia mexicana a cambio del reconocimiento de los derechos como monarca de Fernando VII. O 'Donoju obtuvo, además, garantía para formar parte del nuevo sístema constitucional, en el que se aseguraba la igualdad de derechos para españoles y mexicanos - Esta América se reconocerá por nación soberana e independiente, y se llamará en lo sucesivo Imperio Mexicano", señalaba en su artículo primero dicho tratado, que definía el sistema de gobierno de la nueva nación como "monárquico constitucional moderado".

Con las tropas españolas en retirada, un Iturbide triunfante hizo su entrada en Ciudad de México el 27 de septiembre, donde fue aclamado por la muchedumbre como el Libertador. Al día siguiente, nombró una Junta Gubernativa de 38 miembros que, a su vez, designó una Regencia de cinco personas, encargada de ostentar el Poder Ejecutivo.

Excluidos de la misma los antiguos jefes de la insurrección, Iturbide emprendió el camino hacia la monarquía personal. No sólo encabezó la Regencia, sino que también fue designado Generalísimo de Mar y Tierra, se le asignó un sueldo de 120 mil pesos anuales, un capital personal de un millón, un terreno de veinte leguas en cuadro en Texas y el título de Alteza Serenísima.

Su Alteza Serenísima, el emperador Agustín I

Cinco meses después de la entrada de Iturbide a la capital, el 24 de febrero de 1822 se formó el Congreso Constituyente, dividido en tres tendencias: los borbonistas, que postulaban la entronización de un príncipe de la casa real española, los republicanos y los iturbidistas, Cuando las rivalidades entre las tres facciones comenzaban a radicalizarse, el motín del sargento Pío Marcha zanjó la cuestión. La noche del 18 de mayo, una multitud de soldados y gente del pueblo, encabezada por Marcha, recorrió las calles de la capita haciendo sonar las campanas de las iglesias y proclamando a Iturbide como emperador.

Según escribiría más tarde el propio Iturbide en sus memorias, su primer impulso fue rechazar la petición popular. "Mi primer deseo fue el de presentarme y declarar mi determinación de no ceder a los votos del pueblo", relató, pero, a petición de las personas que lo rodeaban, afirmó: "conocí que era necesario resignarse y ceder a las circunstancias". Así, y después de varias horas de desordenado y tumultuoso debate, el Congreso le proclamó emperador con el titulo de Agustín I. En su juramento, formulado la tarde del día 19 de mayo, Iturbide se comprometió a defender la religión católica, la Constitución y "sobre todo, la libertad política de la nación y la personal de cada individuo".

"Vida Eterna al Emperador"

En un clima de euforia, México se preparó para la gran ceremonia de coronación de su emperador. El Congreso declaró hereditaria la sucesión al trono, se acuñaron monedas con el busto del monarca y se otorgó a sus familiares el tratamiento de príncipes. Con gran pompa y boato, el 21 de julio de 1822 tuvo lugar en la catedral el solemne acto. Los monarcas fueron recibidos bajo palio por los obispos y conducidos hasta un pequeño trono. El obispo de Guadalajara, Juan Cruz Ruiz de Cabañas, fue el encargado de ungir a la pareja real. El presidente del Congreso, Rafael Mangino, puso la corona al emperador, quien, acto seguido, hizo lo mismo con la emperatriz. Vivat Imperator in Eternum proclamó el oficiante y las salvas de artillería saludaron a Agustín I.

El beneplácito con que fue recibida por todos la ascensión al trono del general contrastó, sin embargo, con los resultados de su mandato, durante el cual creó la Orden de Guadalupe para premiar a sus partidarios. Apenas diez meses llegó a reinar Agustín I de Iturbide, a lo largo de los cuales su poder se fue debilitando día a día como resultado, básicamente, de una falta de apoyo sólido y problemas financieros, que le obligaron a la recaudación forzosa de contribuciones y a la prohibición de salida de capitales. Pese a ellos, y sobre todo durante el período de la Regencia, Iturbide demostró poseer dotes y energía suficientes como para gobernar.

A causa de las dificultades económicas por las que atravesó el país, las medidas económicas y financieras dictadas por Agustín I, que serían también características de los gobiernos siguientes, le granjearon impopularidad y acabaron provocando la unión, en su contra, de los antiguos borbonistas y republicanos. En el mes de octubre, y en un vano intento por reafirmar su poder, Iturbide intentó disolver el Congreso, arrestó a muchos de sus miembros y persiguió a otros, lo que contribuyó a exacerbar aún más el ánimo de sus opositores.

Derrota, abdicación y ejecución

En diciembre, en Veracruz, el general Santa Anna convocó a la formación de un ejército liberador y las tropas enviadas por el emperador para combatirle acabaron uniéndose a él mediante, un acuerdo conocido como el Acta de Casa Mata. Acosado, el 19 de marzo de 1823 Iturbide firmó su abdicación, en la que manifestaba que dado que su presencia en el país "sería siempre un pretexto para desavenencia, y se me atribuirían planes en que nunca pensara [...] me expatriaré gustoso y me dirigiré a una nación extraña". Tres semanas después, el Congreso ratificó la abdicación asignando a Iturbide, con la condición de que se exiliase, una pensión vitalicia de 25.000 pesos y el tratamiento honorífico de excelencia. Pero el 11 de mayo, y acompañado sólo por su familia, dos eclesiásticos, su secretario y su servidumbre, Iturbide abandonó México a bordo de la fragata Rowlins, iniciando así un exilio de varios meses. Instalado primero en Liorna, Italia, se trasladó luego a Florencia y después a Gran Bretaña. Alentado por algunos partidarios, el 4 de mayo de 1824 se embarcó de retorno a México, a fin de colaborar en la defensa de la independencia, amenazada de nuevo por España. Desembarcó en Soto la Marina, Tamaulipas, el 14 de julio, ignorando que, como respuesta a su ofrecimiento en apoyo del país contra los intentos de dominación española, el Congreso lo había declarado traidor y fuera de la ley. Fue hecho prisionero mientras descansaba bajo un árbol y conducido a Tamaulipas, cuyo Congreso lo condenó a muerte. Fue fusilado cinco días más tarde, el 19 de julio, en el pueblo de Padilla (Tamaulipas).

Sus restos permanecieron olvidados hasta 1833, cuando el presidente Santa Anna ordenó que sus cenizas fueran trasladadas a la capital y conservadas en una urna destinada a los primeros héroes de la Independencia. La orden no se hizo efectiva hasta 1838, fecha en que sus restos fueron depositados, con gran pompa, en un sepulcro que se erigió en la capilla de San Felipe Jesús de la catedral de México.

1783 Nace en Valladolid (hoy Morelia), en el estado de Michoacán, AGUSTIN DE ITURBIDE, hijo de un acaudalado español.
1805 Contrae matrimonio con Ana María Huarte y Muñiz.
1810 Al estallar la insurrección independentista, Hidalgo le insta a que se incorpore al movimiento, ofreciéndole el grado de teniente general. Se convierte en perseguidor de los insurrectos, destacando por su valor en la batalla del monte de las Cruces.
1816 Acusado de operaciones ilícitas, es absuelto del cargo de especulación.
1820 Reingresa en el ejército y es nombrado comandante del Sur.
1821 Acuerda con Vicente Guerrero el Plan de Iguala, que declara la independencia de México. 27 de septiembre: entra como triunfador al frente del Ejército Trigarante en Ciudad de México.
1822 Al desconocer España el tratado de Córdoba, es coronado emperador con el nombre de Agustín I.
1823 El general López de Santa Anna lanza el Plan de Casa Mata, por el que proclama la República e Iturbide abdica y se exilia en Europa, mientras el Congreso lo declara "traidor y fuera de la ley".
1824 El 4 de mayo regresa a México. 19 de julio: es detenido en Tamaulipas y fusilado en el pueblo de Padilla, de este Estado.

Bibliografía

Grupo EDITORIAL OCEANO DE MEXICO, GRANDES BIOGRAFIAS DE MEXICO, 1ra edición, 1996, ed. OCEANO, México, 312 pp.


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